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Como se puede ver, todos coincidimos en que de estas funciones dependen habilidades que son sumamente importantes para el pensamiento y la toma de decisiones; también coincidimos en que la construcción de relaciones sociales y afectivas está controlada por este sistema, que interviene en todo lo que hacemos minuto a minuto, segundo a segundo.

Por ejemplo, desde que suena el despertador y comienza el día hay una secuencia de pensamientos y acciones, como ducharse, vestirse, desayunar, leer el diario, tomar el metro y dirigirse hacia un lugar determinado que requieren de un correcto funcionamiento de estas funciones, aunque se trate de comportamientos rutinarios.

Dado que son esenciales para resolver problemas, su funcionamiento suele estar asociado a la inteligencia, fundamentalmente, a la que se necesita para establecer rápidamente las relaciones entre los hechos, comprenderlos y tomar decisiones acertadas.

Si hay fallas o deficiencias, pueden producirse problemas como los que se describen en el cuadro siguiente:

Síntomas que pueden revelar un mal desempeño de las funciones ejecutivas

  • Distracción, dificultades para focalizar la atención y concentrarse.
  • Dispersión: inconvenientes para iniciar y finalizar una tarea.
  • Fallas de memoria.
  • Inconvenientes en la formulación de metas, planificación y ejecución.
  • Impulsividad
  • Carencias en la construcción de relaciones afectivas y sociales.
  • Dificultades para manejar secuencias de información.
  • Poca habilidad para establecer el orden temporal y organizar el tiempo.
  • Reducción de la fluidez verbal.
  • Comportamientos que provocan rechazo social debido a fallas en el control de los impulsos.

Quisiera destacar que, aun cuando intervienen en la vida afectiva, las funciones ejecutivas se consideran cognitivas por excelencia, ya que desempeñan una especie de liderazgo.

Por ejemplo, para comentar que se ha comprado un barco, usted debe tener habilidad lingüística para elaborar su relato, memoria para recordar la marca, el color y sus características técnicas, capacidad visuoespacial para orientarse y conducirlo sin naufragar, etc.

Si su cerebro no contara con una función que coordine y controle a las otras, difícilmente podría orientar su comportamiento hacia una meta.

Cuando las funciones ejecutivas se alteran debido a una lesión provocada por un daño físico o una enfermedad, la persona afectada tiene dificultades en su vida cotidiana debido a que no puede prestar atención y concentrarse, su comportamiento pasa a ser errático, incluso puede cambiar su personalidad (normalmente se vuelve irascible).

Los malos hábitos también pueden afectar el desempeño de las funciones ejecutivas, por ejemplo, dormir mal y poco, eludir la actividad física, darle rienda suelta al sobrepeso,  consumir drogas y alcohol, vivir estresado y no hacer nada para evitarlo..

Anatómicamente, estas funciones dependen de los lóbulos frontales, que ocupan un tercio de la corteza cerebral y son fundamentales para planificar acciones, regularlas, cambiarlas e inhibirlas.

Como resultado del trabajo de estos lóbulos y de sus extensas conexiones con otras zonas, entre las cuales se encuentran  el núcleo amigdalino, el diencéfalo y el cerebelo, se constituyen las imágenes que forman los pensamientos y  permiten monitorear la información que guía la conducta.

Por ejemplo, recientemente se descubrió que el cerebro de los adolescentes es menos eficiente que el de los adultos debido a sus dificultades para concentrarse mientras realizan tareas que les exigen concentración[1].

Con relación a la conducta socialmente aceptada que describe Lezak, una investigación reciente, realizada en la Universidad de Harvard, descubrió que la honestidad es un fenómeno natural, es decir, que las personas honestas no hacen ningún esfuerzo para serlo.  

Esta conclusión se basó en la actividad de las zonas del cerebro relacionadas con el control y la atención[2] de los individuos honestos no se incrementó, mientras que la de aquellos que actuaron en forma deshonesta sí lo hizo.

 nota-2

[2] La corteza prefrontal dorsolateral y la corteza cingulada anterior.

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