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Cuando en neuromarketing hablamos de target hablamos de «foco», esto es, de un mercado «objetivo» hacia el cual se dirigirá una propuesta comercial concreta relacionada con un producto o servicio. Cuando hablamos de targeting incorporamos el concepto de acción, es decir, de actividades estratégicas dirigidas hacia potenciales receptores sensibilizados para esta acción. 

En este sentido, la acción es todo lo que enriquece el concepto de target con una noción de movimiento e involucra no solamente las etapas preliminares de identificación y selección de los segmentos, esto es, de las personas que se definen como clientes potenciales, sino también las posteriores, cuando debemos llevar a cabo un conjunto de actividades cuidadosamente planificadas para lograr el posicionamiento que deseamos para nuestro producto.

Las ne​urociencias modernas, combinadas con la neuropsicología y la antropología sensorial, han dado como resultado una integración interdisciplinaria de avanzada para la investigación y comprensión de los tres grandes temas que determinan el éxito de un negocio:

– Segmentación: el conocimiento profundo de personas con necesidades similares para quienes se diseñan productos y servicios.

– Target: La selección de esas personas

– Posicionamiento: el constructo mental (imagen y sistema de identidad) del producto o servicio en el cerebro de las personas.

Por ejemplo, si se detecta que un conjunto de hombres y mujeres con ciertos ingresos y nivel de educación tienen una actitud positiva hacia el turismo alternativo, un operador de viajes puede crear un conjunto de servicios dirigidos a ese segmento.

Luego comienzan las acciones destinadas a construir el futuro del negocio teniendo siempre presente que el objetivo del neuromarketing con relación al target radica en estudiar en profundidad a los clientes, esto es, tanto en el plano conciente como metaconciente, para aplicar esta información a la creación de productos y servicios.

Un producto no es simplemente un objeto tangible, es un constructo mental que se va formando en los diferentes sistemas de memoria de las personas a partir de los estímulos sensoriales que desencadenan tanto los satisfactores incorporados en el producto en sí como la estrategia de comunicaciones definida para éste y, por supuesto, el aprendizaje y la propia experiencia del cliente.

Por Néstor Braidot, Doctor en Ciencias, Máster en Neurobiología del Comportamiento y en Neurociencias Cognitivas (www.braidot.com)

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