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Además de los tradicionales ejercicios de gimnasio, se suman especialistas en neurociencias que diseñan rutinas específicas. 

Parece un gimnasio. Pero además de pesas, colchonetas, cintas y bicis fijas… hay computadoras, sensores y un equipo de psicólogos y especialistas en neurociencias que diseña las rutinas junto a los personal trainer. En Ácumen, un centro de entrenamiento cognitivo, emocional y deportivo, se trabaja para mejorar el rendimiento tanto físico como intelectual. “Acá vienen deportistas, pero también profesionales y ejecutivos que quieren mejorar su capacidad de atención y toma de decisiones, así como su estado físico. La salud y el bienestar tienen que ver con el cuerpo y la mente como unidad”, sintetiza Fernando Fossati, experiodista deportivo y creador de este centro de neuro-fitness que funciona desde 2011 en el barrio de Núñez.

Por medio de ejercicios que incluyen, por ejemplo, correr y pasar la pelota en la dirección que indica el entrenador y, al mismo tiempo, memorizar una serie numérica, se trabaja la resistencia física, la respiración, la capacidad de atención y la memoria. Una de las premisas del método Ácumen es “ayudar a las personas a ordenarse mentalmente, manejar sus emociones y planificar para alcanzar sus objetivos. Hay que esforzarse, pero divertirse también es importante”, apunta Fossati.

Al contrario de lo que se creía décadas atrás, hoy se sabe que el cerebro es un órgano plástico que, una vez alcanzada su madurez (alrededor de los 20 años), sigue generando nuevas neuronas y conexiones a lo largo de la vida. Lo que ocurre es que, luego de la adolescencia, cuando comienza la especialización educativa y laboral, aquellas áreas y conexiones que dejan de usarse, se van debilitando. La buena noticia es que, con un adecuado entrenamiento, se pueden fortalecer y regenerar.

Victoria Lux Lantos (57), investigadora del Conicet en el Instituto de Biología y Medicina Experimental (Ibyme), participó hace unos años en un programa de entrenamiento cognitivo. “Me permitió ejercitar áreas del cerebro que –aunque mi trabajo es intelectual– no usaba tanto, como la función lingüística, la orientación espacial o la percepción artística. Creo que, así como vamos al gimnasio y nos cuidamos en la alimentación, todos deberíamos ejercitar las neuronas para prevenir su deterioro”, apunta la científica.

Sucede que nadie, por más multifacético que sea, utiliza todas las áreas del cerebro. “Por eso es importante entrenar aquellas funciones que habitualmente no usamos”, enfatiza Silvia Moos, bioquímica y directora de Klick Mental Fitness, un sistema de entrenamiento para diferentes funciones cerebrales. Allí, el programa consiste en una serie de talleres (normalmente un encuentro por semana de una hora y media, durante tres meses), en los que se plantean juegos de palabras, números, ingenio y creatividad para ampliar el lenguaje, el razonamiento lógico-matemático, la orientación espacial y la resolución de problemas, entre otras destrezas cognitivas.

El hecho de que sea una actividad grupal le otorga un condimento adicional: “Las investigaciones en neurociencias demostraron que nuestro cerebro es social, por lo cual aprendemos más y mejor cuando lo hacemos con otros. El aislamiento es un factor de deterioro cognitivo”, describe Moos. A Ricardo Bäcker (65), consultor en Recursos Humanos, el entrenamiento cognitivo le permite seguir muy activo y tener la cabeza abierta para nuevas ideas y oportunidades. “Lo importante es tener una actitud de aprendizaje y salir del círculo de confort. Hace poco me invitaron a un casamiento en Filadelfia y mi primera reacción fue pensar cuánto tiempo y cuánta plata iba a gastar para asistir. Sin embargo, el pensamiento innovador es decir: ‘Voy a conocer gente nueva y hablar en otro idioma’”, ejemplifica el headhunter.

“El entrenamiento cerebral permite optimizar las funciones cognitivas y ejecutivas, como la planificación y la toma de decisiones, y es una herramienta fundamental para desempeñarse en el mundo corporativo”, asegura Néstor Braidot, consultor de empresas y fundador del Braidot Brain Center, donde se implementan programas de entrenamiento personalizado para optimizar las capacidades cerebrales. El primer paso es “realizar un diagnóstico del perfil neurocognitivo y emocional, ya que de nada sirve tener un alto coeficiente intelectual si no se manejan las emociones”, advierte Braidot.

De este modo, mediante una batería de tests, se miden capacidad de atención, concentración, toma de decisiones, así como nivel de ansiedad, respuesta al estrés y tolerancia al error. A partir de sus resultados, se elabora un plan personalizado de ejercicios que pueden realizarse tanto en ese espacio como a distancia, a través de una computadora o dispositivo móvil. “Al ejercitar el manejo de las emociones, se libera el pensamiento de los bloqueos que impiden la concentración y el aprendizaje. También se potencia la creatividad y la intuición, se facilita una mejor organización de la información para tomar decisiones y se reduce la ansiedad y el estrés”.

Como en el deporte bien entendido, entrenar la mente requiere esfuerzo, metas claras, espíritu lúdico y ganas de superarse. ¡Hoy puede ser un gran día para empezar!

Apertura, 17 de Octubre de 2014

 

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