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Las estructuras cerebrales de las que depende la racionalidad no funcionan en forma aislada de las que se ocupan de la regulación biológica-emocional. Ambos sistemas se comunican permanentemente y el resultado de esa interacción se refleja en los pensamientos, los sentimientos, la toma de decisiones y la conducta.

Se trata de un tema de enorme importancia para el desarrollo de agilidad mental debido a la necesidad de lograr un equilibrio. Por un lado, la ausencia de emociones nos deja a oscuras a la hora de decidir e interpretar el comportamiento de los demás, por el otro, el descontrol y la ausencia de liderazgo emocional conspiran contra el rendimiento intelectual debido a que afectan las funciones ejecutivas del cerebro.

El buen desempeño de las funciones ejecutivas se refleja en los resultados que un individuo obtiene en sus actividades, como el éxito en el trabajo, en la escuela, en la universidad y en la vida afectiva y social.

Estos resultados dependen, entre otras, de las siguientes capacidades:

Flexibilidad cognitiva: es la habilidad para analizar varias alternativas en forma paralela o simultánea y realizar los ajustes que se necesitan cuando cambia el contexto. Dado que requiere de la imaginación, esta habilidad está relacionada con la creatividad.
Memoria de trabajo: es la que utilizamos continuamente para retener y utilizar temporalmente la información, por ejemplo, cuando estudiamos, realizamos cálculos o analizamos diferentes aspectos para tomar una decisión. En el capítulo siguiente hallarás un desarrollo más profundo sobre este sistema.
Iniciativa: dado que el sistema ejecutivo está involucrado en el comportamiento dirigido a metas, la iniciativa es uno de sus componentes fundamentales.
Organización, capacidad de planificación y toma de decisiones: incluye el razonamiento para analizar las relaciones entre los hechos, elaborar hipótesis, realizar cálculos y estimaciones que permitan formular los planes, seleccionar alternativas e implementar los cursos de acción para llevarlos a cabo.
Memoria prospectiva: es la que nos permite realizar una acción programada en un momento futuro. Cuando hay fallas en este sistema, nos olvidamos de lo que teníamos que hacer, como comprar un regalo de cumpleaños, ir a una clase de apoyo en la universidad o pasar por la tienda antes de llegar a casa.
Fluidez: incluye tanto la capacidad para generar pensamientos e ideas como la flexibilidad para modificar los planes cuando ello es necesario.
Monitoreo y control inhibitorio: permite controlar o suprimir respuestas y/o acciones de tipo impulsivo mediante la atención y el razonamiento. Es fundamental para evitar actitudes que afecten tanto los planes como las relaciones con los demás.
Automonitoreo emocional: el liderazgo emocional está fuertemente implicado en las funciones ejecutivas. Por ejemplo, alguien que viva desequilibrado, ya sea porque está eufórico o, a la inversa, deprimido, no puede pensar con claridad y rapidez, normalmente se dispersa, pierde tiempo para volver a concentrarse y es posible que no tenga una conducta socialmente aceptada debido a algunos desbordes. En el capítulo del día domingo hallarás varias técnicas diseñadas para el autoliderazgo emocional. Si piensas que no las necesitas, te invito a reflexionar sobre ello, ya que muchas veces no somos concientes de lo que nos pasa.
El sistema ejecutivo incluye un conjunto de capacidades necesarias para que los pensamientos se transformen en acciones concretas y, a su vez, que éstas se implementen en forma organizada.

La información procedente de los centros emocionales favorece tanto el pensamiento como la toma de decisiones.

La corteza prefrontal, de la que dependen las funciones ejecutivas, ocupa aproximadamente un tercio de la corteza en su conjunto (aproximadamente el 30%) y se ocupa de las funciones cerebrales más elevadas, tanto las relativas al intelecto como las que tienen que ver con los sentimientos, la ética y la moral. Cuando hay lesiones en esta zona, se comprometen actividades muy importantes para la vida, como la iniciativa, la formulación de planes, la organización del tiempo, la motivación, la toma de decisiones y el autoliderazgo emocional.

Influencia del sueño en el desempeño de las funciones ejecutivas

Los trastornos en el sueño, independientemente de su origen, afectan negativamente a las funciones ejecutivas, consecuentemente, a la agilidad mental. Varias investigaciones realizadas con la moderna tecnología de las neurociencias revelan que el sueño cumple un papel fundamental en la concentración, la memoria y el aprendizaje.

Si una persona no duerme bien, ya sea por decisión propia (hay quienes consideran que dormir es una pérdida de tiempo) o por un trastorno físico, tendrá dificultades en el desempeño de sus funciones ejecutivas, no sólo porque el cansancio afectará su funcionamiento, sino también porque los procesos cognitivos no se detienen cuando dormimos.

Las funciones cognitivas más afectadas por la escasez, ausencia o interrupción de las horas de sueño son la atención y la memoria, por ello, además de disminuir las capacidades para comprender, analizar, planificar y tomar decisiones, el sueño de mala calidad altera el estado de alerta que un individuo necesita no sólo para realizar su actividades, sino también para cuidar de sí mismo.

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