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Mañana es el Día del trabajador.El Neuromanagement es nueva disciplina que aplica los conocimientos de las neurociencias para que empleados y jefes sean más eficientes

Hay jefes que se quejan de que sus empleados rinden cada vez menos, de que están siempre mal predispuestos, de que trabajan a reglamento. Del otro lado, hay empleados que se quejan de que sus jefes no reconocen su esfuerzo, de que no se sienten motivados, de que el mal clima laboral los agobia. Para eso nació el neuromanagement, una nueva disciplina que aplica los conocimientos de las neurociencias en el trabajo para que los jefes y sus equipos sean más eficientes. Mañana es el Día del trabajador y los expertos consultados por Clarín explican cómo entrenar el cerebro para trabajar mejor y, en consecuencia, vivir mejor.

Felicitar y reconocer el esfuerzo. “La sensación de exclusión activa las mismas áreas en el cerebro que el dolor físico. Cuando las señales de valoración no son expresadas explícitamente, el cerebro ‘inventa’, infiere, saca conclusiones con poca información y muchas chances de estar errado. Decirle a un colaborador o a un colega algo bueno que ha hecho, valorarlo, activará el ‘circuito de recompensa’ que genera placer, impulsa hacia la superación y genera pertenencia. Por eso, los ‘elogiados’ tenderán a repetir ese comportamiento y eso producirá mejores resultados en el trabajo”, dice la neuropsicoeducadora y capacitadora, Adriana Marcovich.

Crear un buen clima laboral. “Las investigaciones en neurociencias detectaron que el bienestar emocional generado por estados de aceptación y confort en el trabajo activa un mejor funcionamiento neurocognitivo del cerebro y facilita la generación de motivación y automotivación laboral”, agrega Néstor Braidot, pionero en Neurociencias aplicadas a organizaciones. “Además, cuando los jefes se ocupan de ‘detalles’ referidos sus equipos generan en ellos adhesión y mayor aplicación laboral”.

Dejar momentos para el ocio. “Los espacios diarios para los vínculos y la integración (para hacer chistes o para contar algo personal) son fundamentales. Estos momentos de comunicación liberan oxitocina, una neurohormona que da sensación de confianza y seguridad, porque las personas pasan de ser individuos a ser parte de un grupo para luego formar verdaderos equipos de trabajo”, explica Marita Castro, neuropsicoeducadora de la Asociación Educar y directora del curso “Neuroliderazgo”.

Cambiar la forma de dar una orden. “Está comprobado que una orden genera en quien la recibe una consideración mayor en su hemisferio izquierdo (más racional y lógico) donde evaluará las conveniencias e inconveniencias de aceptarla. No obstante, si lo que uno recibe es una estimulación al hemisferio derecho (más creativo) esa ‘instrucción’ será tomada como una decisión propia por quien la recibe”, sigue Braidot. Es decir, en vez de dar una orden cerrada (‘Hacé esto y de ésta manera’), mejor es ‘Hay que hacer ésto, ¿qué idea se te ocurre? y así despertar la creatividad.

Escribir lo que no nos gusta. “Los problemas en el trabajo suelen dejarnos rumiando ideas que no nos permiten concentrarnos y cumplir con nuestra tarea. Nos sentimos molestos o enojados y la amígdala cerebral involucrada en las emociones se activa más de lo necesario. Si escribimos en un papel esos pensamientos negativos sobre el trabajo y luego lo tiramos a la basura, se reduce el impacto que éstas ideas nos produjeron”, dice Castro.

Crear ambientes sin amenaza. “Cuando el ser humano se siente amenazado, activa áreas del cerebro instintivas que lo llevarán a adoptar ‘salidas defensivas’: agredir para defenderse o adelantarse a un posible daño, tratar de alejarse de la situación, quedar paralizado o someterse para evitar el peligro. En todos estos casos, quedan debilitados o bloqueados los comportamientos más evolucionados que tenemos para responder: la capacidad de análisis, la posibilidad de buscar alternativas para solucionar problemas, para poder hacer foco en lo importante y controlar los impulsos defensivos”, sigue Marcovich. ¿Frente a qué suelen sentirse amenazados e inseguros los trabajadores? “Frente a la falta de información, la falta de valoración o la falta de confianza para que tome decisiones con autonomía”.

Sonreír para predisponer bien al resto. “Las exigencias y la falta de descanso llevan a que, muchas veces, los jefes o sus colaboradores tengan una expresión poco amigable. Sin embargo, una sonrisa es fundamental porque activa en el cerebro de los otros el ‘circuito de recompensa cerebral’: se libera dopamina, un neurotransmisor implicado en el placer y la motivación”, explica Castro.

Motivar para frenar la resistencia al cambio. “El cambio exige al cerebro mayor consumo de energía, por tanto, debe haber una fuerte dosis de motivación para hacerlo salir de la rutina y de la resistencia al cambio. Por otra parte, el acostumbramiento del cerebro a los cambios da mayor plasticidad cerebral (nuevas conexiones entre neuronas que dan lugar a nuevos comportamientos) para enfrentar cambios de mayor envergadura”, cierra Braidot.

Clarín, 30 de Abril de 2015
Buenos Aires, Argentina.

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