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Cada segundo el cerebro recibe 2 millones de estímulos y señales. Para evitar la saturación de la información, existe un filtro sensorial denominado Formación reticular, que selecciona del ambiente aquella información que considera de relevancia y descarta el resto de los datos. De esta manera, sólo pasa a la corteza cerebral una parte de los estímulos, el resto permanece fuera del umbral de conciencia. 

La formación reticular está formada por una amplia red de núcleos y fibras nerviosas interconectadas. Se localiza en el diencéfalo, el mesencéfalo, la protuberancia anular, el bulbo raquídeo y la médula espinal.

La formación reticular forma el filtro y es la responsable de la interpretación de la información percibida mediante los órganos de los sentidos. Para que esta estructura actúe eficaz y eficientemente, es importante que exista previamente una escala de prioridades mentales que orienten el tipo de información oportuna a filtrar.

Cuando se le asigna importancia a una idea, objeto o metas, los sentidos se agudizan y lo perciben con mayor  facilidad ya que representa una fuente de interés. La formación reticular estará atenta a detectar cualquier dato considerado de utilidad en función de las prioridades pautadas.

Por ejemplo, si una persona está interesada en adquirir una nueva propiedad, es muy probable que comience a notar una gran cantidad de carteles inmobiliarios que habían sido ignorados en otro momento de su vida.

Si la formación reticular no es orientada, es muy probable que las oportunidades pasen desapercibidas, desaprovechando la posibilidad de alcanzar el éxito. Para que esta estructura se active correctamente, es importante mantener objetivos claros y bien definidos, de tal manera que la imagen mental creada sea una representación lo más detallada posible de la realidad que se desea conseguir.

Muchos deportistas utilizan este método para mecanizar y automatizar determinadas acciones con el objetivo de mejorar su destreza. Por ejemplo, Michel Jordán describía que milésimas de segundos antes de hacer un lanzamiento, visualizaba en su mente la imagen de la pelota entrando en la cesta sin tocar el aro. Cabe destacar que este famoso basquetbolista es considerado el jugador con el mayor porcentaje de efectividad desde cualquier sector de la cancha.

Al cerebro le insume mucho menos esfuerzo y energía copiar que inventar, o ser espontáneo. Focalizar la atención en nuestras propias metas y objetivos contribuye a crear esquemas mentales de acción, que facilitan materializar lo que previamente fue visualizado en la mente.

Desde un análisis neurocientífico la capacidad de modificar físicamente el cerebro por medio de los pensamientos que se eligen, está comprobada. El cerebro, al igual que los músculos del cuerpo, desarrolla y fortalece las neuronas que más se usan.

Por ejemplo, aquellas personas que frente a una crisis se paralizan, es probable que se focalicen en las dificultades. Como consecuencia presentan mayor facilidad para generar pensamientos negativos, activando el cortex derecho del cerebro, lo que favorece el surgimiento de estrés, depresión, ansiedad y otras enfermedades físicas derivadas de las mismas, tales como migrañas, algias, úlceras, problemas digestivos, dificultades cardíacas, entre otras.

En cambio, aquellos que entienden a las crisis como un desafío, deciden moverse con el cambio y permanecen atentos a las oportunidades. Son personas que ejercitan el cortex izquierdo del cerebro, se muestran optimistas y en la práctica, más exitosos.

El secreto está en el enfoque, y el método consiste en trabajar sistemáticamente en debilitar los “músculos” de los pensamientos negativos y ejercitar los otros.

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