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La necesidad de elegir:  desde la niñez a la adultez avanzada

¿Inglés, alemán o ambos? ¿Casa o departamento? ¿Avión o TGV? Desde que nos despertamos hasta que nos vamos a dormir estamos tomando decisiones y lo hacemos en todos los órdenes de la vida. Desde elegir la marca de café y los alimentos para el desayuno hasta casarnos, divorciarnos o invertir en propiedades importantes. A veces, decidir es simple; no hay mucho para pensar cuando, por ejemplo, vamos a comprar un abrelatas. Otras, el proceso es complejo y puede convertirse en una preocupación importante. Afortunadamente, el conocimiento previo y la experiencia reorganizan los circuitos cerebrales y agilizan el proceso de toma de decisiones cuando éstas son complejas , y lo mismo sucede con los mecanismos emocionales, que son mucho más potentes de lo que se creía.

En cualquier caso, esto es, desde elegir entre tostadas con mermelada light o una porción de torta para el desayuno, o entre Madrid o Barcelona para vivir, el proceso de toma de decisiones pone en juego numerosos procesos cognitivos y emocionales que se activan por debajo del umbral de conciencia. Con relación a los emocionales, ya hay suficientes pruebas como para inferir que, al contrario de lo que se pensaba, no nos “nublan la razón” sino todo lo contrario: actúan positivamente, guiando los procesos de toma de decisiones desde las profundidades de la mente. Obviamente, quedan fuera de esta categorización quienes se alteran por cualquier cosa, se enojan o se angustian con facilidad. De hecho, las personas proclives al mal humor, como así también las que se desestabilizan ante una situación que provoque pequeños cambios, no pueden pensar con claridad y es común que tarden mucho o se arrepientan luego de haber tomado una decisión, por ello es tan importante que incorporen las nuevas técnicas de automonitoreo de emociones, ya que ello no solo las ayudará a decidir mejor y más rápido, también mejorará su calidad de vida. Decisiones simples versus decisiones importantes El consumo de energía cerebral Cuando la decisión que vamos a tomar es compleja, aumenta el consumo de energía cerebral debido a la exigencia que recae sobre las funciones ejecutivas del cerebro, y terminamos agotados. Uno de los mejores ejemplos es el de los corredores de Fórmula I, que además de un gran esfuerzo físico (que no vemos) realizan un gran esfuerzo mental. Es suficiente con observar por televisión lo que ocurre durante una de estas carreras (cuando la cámara está colocada en el coche del piloto) para comprobar que las funciones ejecutivas de estos deportistas realmente no tienen tregua, y tampoco su cuerpo.

Los cambios fisiológicos (como el aumento del ritmo cardíaco y la sudoración) revelan claramente el componente emocional asociado a cada decisión que toman, ya que ponen en juego no solo la carrera, sino también su propia vida, por ello muchos deportistas están incorporando técnicas de entrenamiento cerebral. Si bien este ejemplo corresponde a un caso extremo, todos los coachees pueden aprovechar e incorporar las técnicas de autoliderazgo emocional que se aplican en los gimnasios cerebrales, ya que están diseñadas para que interactúen armónicamente los dos sistemas que se ponen en funcionamiento: el sistema emocional (comandado por la amígdala y otras estructuras del sistema límbico) y el sistema racional, reflexivo, con asiento en la corteza prefrontal.

La importancia del cerebro emocional en la toma de decisiones del coachee Durante muchos años, se privilegió el pensamiento racional, tratando como “algo” separado el cuerpo y las emociones. Sin embargo, las neurociencias han demostrado innumerables veces que los mecanismos emocionales guían la toma de decisiones, más aún, se considera que cuando sus componentes están ausentes aumenta la probabilidad de que nos equivoquemos.

cada vez que decidimos intervienen numerosos factores que el coachee debe conocer con la mayor profundidad posible. De hecho, gran parte de nuestra sabiduría emocional se asocia con las inscripciones que traemos en el cerebro como resultado de la evolución -por ejemplo, el miedo nos impulsa a alejarnos del peligro y garantiza nuestra supervivencia-, como así también con los marcadores somáticos, que le facilitan al cerebro la tarea de elegir una entre dos o varias alternativas, especialmente cuando está involucrada la memoria episódica. Por lo tanto: Una de las habilidades más importantes del coach reside en ayudar al coachee a reconocer los marcadores somáticos que influyen en cada decisión que toma. Ello se logra mediante un trabajo sistemático que le permita traer al consciente las experiencias pasadas que tienen enorme influencia en su presente debido a que están latentes en las profundidades de su cerebro.

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