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Creencias erróneas sobre la agilidad mental  y el rol de las emociones en la toma de decisiones 

Las creencias erróneas sobre el funcionamiento del cerebro son de larga data y no siempre proceden de los legos. Por ejemplo, para quienes adherían a la Frenología –una corriente del siglo XIX considerada hoy una pseudociencia- las protuberancias de la superficie del cráneo reflejaban ciertos rasgos de personalidad.
Obviamente, gran parte de la comunidad científica no se tomó en serio estas afirmaciones, sin embargo, uno de los libros que publicaron (en 1827) ¡vendió más de cien mil ejemplares!
En este artículo me referiré a aquellas que, por desconocimiento, inducen a muchas personas a la resignación o, lo que es peor, a la pérdida de oportunidades. A saber:

  1. La agilidad mental comienza a deteriorarse a partir de los 40 años
    El cerebro humano alcanza su madurez alrededor de los 30 años y, al contrario de lo que se creía, un desarrollo pleno entre los 35 y los 402, siempre que existan condiciones ambientales favorables.
    Por ejemplo, si un individuo de 30 años no hace nada por mantener su cerebro joven y activo, esto es, no lee, no estudia, se alimenta mal, fuma, lleva una vida rutinaria y aburrida, es altamente probable que su cerebro comience a deteriorarse a partir de esa edad.
    Con el correr del tiempo, mayor será el esfuerzo que deberá hacer para aprender y recordar, ya que la memoria suele ser una de las funciones más afectadas por el sedentarismo físico e intelectual.
  2. El cerebro no genera nuevas neuronas a lo largo de la vida
    Una creencia arraigada durante mucho tiempo fue que los humanos nacemos con una determinada cantidad de neuronas y que sólo aumentan las conexiones entre ellas como resultado del aprendizaje y la experiencia. Las investigaciones actuales que focalizan en la neurogénesis contradicen estas afirmaciones.
    Hoy sabemos que el sistema nervioso continúa generando nuevas neuronas y células gliales a lo largo de la vida, incluso en edades avanzadas (neurogénesis adulta), y ha sido comprobado que las actividades aeróbicas, la alimentación adecuada y un correcto equilibrio entre las horas de sueño y vigilia favorecen este proceso.
  3. Las emociones afectan negativamente la toma de decisiones
    La idea de que “la emotividad nubla el razonamiento” ha sido ampliamente compartida.
    Sin embargo, al estudiar lo que ocurre en el cerebro cuando tomamos decisiones (mediante fMRI y otras técnicas de avanzada) las neurociencias modernas han hallado el soporte científico para afirmar exactamente lo contrario.

En términos de uno de los especialistas que más ha investigado los procesos involucrados en la planificación y la toma de decisiones, Antonio Damasio (con quien coincido ampliamente): «la capacidad de sentir aumenta la eficacia del razonamiento, mientras que su ausencia la reduce».

Excepto que medie algún tipo de lesión, el cerebro pierde agilidad cuando sólo cuando no se lo utiliza.

Ha sido corroborado científicamente que la exigencia intelectual combinada con ejercicio físico y una alimentación adecuada evita el deterioro del sistema nervioso debido a que promueve procesos de neurogénesis y neuroplasticidad positiva.

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