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Día a día se publican experimentos que confirman la eficacia de la meditación para crear y fortalecer neurocircuitos cerebrales asociados a emociones positivas y desactivar aquellos que, por su naturaleza negativa, condicionan nuestro pensamiento y nuestra conducta de modo desfavorable.

Una de las universidades pioneras en estas investigaciones es la de Wisconsin, en los Estados Unidos, donde se realizaron varios experimentos con monjes budistas utilizando fMRI (resonancia magnética funcional por imágenes) para analizar los cambios que se iban produciendo en el cerebro durante sus prácticas de meditación.

Entre estos efectos, por cierto, muy positivos, se encuentra el fortalecimiento de los neurocircuitos de la concentración y la empatía, lo cual influye en un mejor rendimiento de las funciones ejecutivas (en el primer caso) y en el establecimiento de mejores vínculos familiares y sociales (en el segundo).

Asimismo, una de las técnicas, denominada Lojong, ayuda a reducir el nivel de estrés, consecuentemente, a mejorar la respuesta del sistema inmunológico del organismo.

En lo personal, recuerdo haber comprobado los beneficios psicológicos de la meditación cuando pude estar entre bambalinas durante una competencia internacional de piano. Me llamó la atención el tiempo que una participante oriental le dedicaba sólo a mirar una fotografía.

Según me explicó una experta, ninguna pieza puede tocarse bien si a la fuerza emotiva del concertista no se le suma habilidad técnica y capacidad de concentración. Se entiende entonces la elección del concertista, ya que la eficacia de la técnica que utiliza ha sido corroborada científicamente durante varias investigaciones:

  • Apenas comenzaron los desarrollos de la denominada década del cerebro se observó que la zona responsable de la atención estaba sumamente activa durante prácticas de meditación mientras que otras, como los lóbulos parietales (involucrados en la integración de información sensoriomotora, entre otras actividades), permanecían con poca o nula actividad.
  • Durante un experimento conjunto entre el Massachusetts General Hospital (Estados Unidos) y la Universidad de Giessen (Alemania) se observó que la meditación provocaba cambios positivos que podían medirse en el cerebro. Estos cambios se manifestaron en una mejora de la atención, la memoria, la empatía y la autoconsciencia
  • También se observó una reducción en el nivel de estrés, lo cual se reflejó en la disminución de la densidad de materia gris en la amigdala, que tiene un rol fundamental en el registro emocional del miedo y la ansiedad.
  • Ha sido demostrado que la meditación sostenida en el tiempo retrasa el envejecimiento y determina un incremento en el grosor del cerebro, principalmente en áreas relacionadas con los procesos sensoriales y de atención. También se observaron modificaciones en la corteza prefrontal, la amígdala y la ínsula.

En síntesis:

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