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El estrés no es una cuestión azarosa y depende en gran medida de cómo uno pueda reaccionar ante determinadas situaciones o presiones. Por eso, hagamos lo que hagamos, lo esencial es entender que la relajación comienza en la mente.
Para ponerle un parate al aluvión mental, existen enfoques que proponen ejercitar frenos que ayuden a llevar la atención al aquí y ahora. Lo fundamental es cuidar el momento y lograr estar en el presente. Para lograrlo, es fundamental apagar de vez en cuando el piloto automático y detener la calesita de la cabeza con el objetivo de generar cierta distensión y sosiego.
En el día a día, puede resultar muy útil hacer este tipo de paréntesis, ya sea mientras se está en la fila del supermercado, en un embotellamiento o en un día muy agitado en la oficina.
Uno de los errores clásicos que se cometen en el trabajo es el conocido multitasking, es decir, hacer varias tareas a la vez, pese a que los especialistas aseguran que ni las mujeres ni los hombres tienen semejante capacidad. Claro que se puede y, de hecho, es lo que hacemos todos en la oficina, la fábrica o el taller. Pero, para el cerebro que naturalmente se dedica a una cosa por vez, significa estar saltando continuamente de un asunto a otro, lo que en definitiva representa un despilfarro de energía y genera una gran fatiga.
En la rutina actual, se naturalizó tanto este formato, que hay personas que ni siquiera notan que este modo de trabajo las agota.

¿Cómo lo logro?
Ese agotamiento del multitasking de las rutinas actuales llevó a pensar en nuevas tendencias de relajación, que no necesiten una colchoneta o pagar un gimnasio, con ejercicios y estrategias que se pueden practicar, incluso, en la oficina. ¡Y que también son muy útiles para padres estresados!.Los ejercicios de cuidado pueden ayudar además a evitar caer en comportamientos y reacciones de siempre ante determinadas situaciones complejas. Por ejemplo, a mucha gente ver que el jefe le viene a hablar, la tensa internamente. Allí lo importante es intentar desbloquear ese automatismo, dar un paso atrás y tener un pequeño truco para evitar que se disparen las reacciones habituales.
El primer paso es observar exactamente qué situaciones generan tensión y cómo se traduce esa tensión en el cuerpo. Por ejemplo, hay quienes transpiran súbitamente ante una situación de estrés. No es bueno avergonzarse de esa reacción ni intentar ocultarla, es mejor ser consciente de qué sucede y en qué momentos e idear ejercicios que destraben la situación que se percibe como comprometedora.
Justamente el cuerpo, que es en donde se producen esas reacciones automáticas, puede ayudar mucho como contrapeso a la psiquis. A través de la respiración o de la concentración en un gesto distinto, inesperado para uno y para el otro, las contracturas físicas y mentales pueden desaparecer.

Perfil, 19 de Enero de 2017

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