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De los hallazgos de las neurociencias podemos tomar no sólo nuevos conocimientos para mejorar el desempeño de nuestras capacidades intelectuales ─como las habilidades para aprender y memorizar más rápido, razonar con claridad, desarrollar la creatividad y decidir en forma efectiva, entre otras─, también podemos obtener una gran cantidad de recursos para relacionarnos mejor con nosotros mismos, los demás y el medio ambiente que nos rodea.

Por ejemplo, ya no hay dudas de que el cerebro es producto de lo que pensamos, consecuentemente, de lo que hacemos y lo que sentimos.

Por lo tanto, todo ser humano que viva con autonomía puede constituirse en el artífice de su propio neurodesarrollo, es decir, de un proceso que denomino neuroplasticidad autodirigida.

nota-braEn el día a día, hombres y mujeres creamos nuestra realidad a partir de nuestros pensamientos y emociones.

En este proceso intervienen no sólo los hechos del presente, sino también los recuerdos de experiencias pasadas y las emociones asociadas a estos.

Por ejemplo, una investigación reciente, realizada en la Universidad de Liverpool, demostró que recordar experiencias sociales positivas actúa como un círculo virtuoso: genera emociones positivas y éstas, a su vez, desencadenan pensamientos positivos2 .

Otras han demostrado que si una persona focaliza su atención en que siente dolor, su cuerpo realmente lo experimentará; si se ríe y piensa que es feliz, su cerebro también lo experimentará.

Dado que existe una relación directa entre el tipo de pensamiento de un individuo y los logros o fracasos que obtiene (u obtendrá) en la vida, es imprescindible que nos detengamos a analizar qué es lo que tenemos en la mente en forma predominante y hagamos los cambios necesarios.

Recuerden:

Los seres humanos disfrutamos o nos aburrimos, estamos de buen humor o sufrimos, somos activos o pasivos, alegres o depresivos en función de lo que evocan nuestros pensamientos dominantes.

Esta dominancia puede ser constructiva, neutral o destructiva, es decir, puede llevarnos a aprender mejor, a memorizar mejor, a ser exitosos y tener calidad de vida o, a la inversa, a “transcurrir” en vez de “vivir, a aburrirnos y a fracasar, convirtiendo a la frustración en un sentimiento cotidiano

Es suficiente con aprender a liderar la forma de pensar para cambiar la vida.

La neurociencia ha demostrado que, mediante un conjunto de prácticas muy sencillas, es posible fortalecer los neurocircuitos asociados al pensamiento positivo y neutralizar aquellos los que son nocivos para el cerebro y vampirizan su energía.

 

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2 Comments

  1. José Naidicz

    Muy buen artículo

  2. lincoln

    tengo a cargo 96 alumnos y quiero enseñarles un poco de NEUROCIENCIA. ¿Qué tema me recomendarías?

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