Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Los sistemas de recompensa son zonas que responden ante determinados estímulos. Básicamente, son centros liberadores de dopamina. 

La dopamina es el neurotransmisor catecolaminérgico más importante del sistema nervioso.

Participa en numerosas funciones, las más importantes son las relacionadas con la emotividad, la conducta motora, la afectividad y la comunicación neuroendócrina

Anatómicamente, el sistema de recompensa está comandado por una pequeña estructura que se denomina núcleo accumbens, que normalmente actúa en conjunto con otras. Por ejemplo, cuando se trata de generar conductas de acercamiento a una situación que provoque el placer que se está buscando, trabajará con la corteza prefrontal medial.

 Núcleo accumbens

Está asociado con el centro del placer del cerebro.

Es una estructura muy estudiada debido a que las drogas que provocan adicciones, como la cocaína y la heroína, generan un aumento en los niveles de dopamina en esta zona.

Los estímulos que producen recompensa son diversos: coches, alimentos exquisitos, sexo, situaciones que provocan diversión, entre tantos otros.

Por ejemplo, los chistes activan el núcleo accumbens, provocando una sensación de bienestar que puede perdurar durante varias horas e influye en la conducta.

Esto fue observado durante varios experimentos que permitieron establecer un correlato entre el déficit de dopamina y los estados de angustia o infelicidad.

El rol de la dopamina en el sistema de recompensa del cerebro es fundamental, hasta tal punto que, cuando no se produce la recompensa esperada, las neuronas dopaminérgicas muestran una menor activación. Por ello se infiere que estas neuronas codifican los errores relacionados con expectativas.

Por ejemplo, los seres humanos vamos aprendiendo lo que debemos hacer para conseguir recompensas y-o gratificaciones. Cuando determinadas conductas no conducen a los logros esperados, la dopamina envía señales de alerta al cerebro desencadenando las conductas pertinentes.

Otro tema muy importante relacionado con este neurotransmisor es que influye en el desempeño de las funciones ejecutivas (que son las que necesitamos para pensar, razonar, planificar, estudiar) porque interviene en parte de la información que fluye hacia los lóbulos frontales.

Si hay alteración en los niveles de dopamina, pueden afectarse las funciones que dependen de la atención, la memoria de trabajo, la resolución de problemas y la toma de decisiones.

En la corteza prefrontal, los niveles de dopamina inferiores a los normales provocan trastornos en los mecanismos de atención.

Cuando los niveles de dopamina son bajos, normalmente hay dificultades en la concentración.
También puede observarse falta de motivación y escasa respuesta a situaciones de recompensa.

Por ejemplo, durante una investigación realizada con personas que tenían dificultades en sus sistemas de atención, se descubrió que tenían menos cantidad de receptores y transmisores de dopamina en dos regiones que, como ya vimos, son fundamentales en el sistemas de recompensa: el núcleo accumbens y el cerebro medio.

En síntesis, lo que he relatado hasta aquí son, en realidad, las consecuencias de la infelicidad en el cerebro, y no dudo de que usted coincidirá conmigo en que, efectivamente, son alarmantes, sobre todo porque las investigaciones dan cuenta de que este fenómeno alcanza a la mayoría de los seres humanos.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>