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Los sistemas de recompensa son zonas que responden ante determinados estímulos. Básicamente, son centros liberadores de dopamina.

La dopamina es el neurotransmisor catecolaminérgico más importante del sistema nervioso.

Participa en numerosas funciones, las más importantes son las relaciona- das con la emotividad, la conducta motora, la afectividad y la comunicación neuroendocrina.

Los estímulos que producen recompensa son diversos: coches, alimentos exquisitos, sexo, situaciones que provocan diversión, entre tantos otros. Por ejemplo, los chistes activan el núcleo accumbens, provocando una sensación de bienestar que puede perdurar durante horas e influye en la conducta.

Esto fue observado durante varios experimentos que permitieron establecer un correlato entre el déficit de dopamina y los estados de angustia o infelicidad.

El rol de la dopamina en el sistema de recompensa del cerebro es fundamental, hasta tal punto que, cuando no se produce la recompensa esperada, las neuronas dopaminérgicas muestran una menor activación. Por ello se infiere que estas neuronas codifican los errores relacionados con expectativas.

Otro tema muy importante relacionado con este neurotransmisor es que influye en el desempeño de las funciones ejecutivas (que son las que necesitamos para pensar, razonar, planificar, estudiar), ya que interviene en parte de la información que fluye hacia los lóbulos frontales.

 Si hay alteración en los niveles de dopamina, pueden afectarse las funciones que dependen de la atención, la memoria de trabajo, la resolución de problemas y la toma de decisiones.

En la corteza prefrontal, los niveles de dopamina inferiores a los normales provocan trastornos en los mecanismos de atención.

Por ejemplo, durante una investigación realizada con personas con dificultades en sus sistemas de atención se descubrió que tenían menos cantidad de receptores y transmisores de dopamina en dos regiones que, como ya vimos, son fundamentales en el sistemas de recompensa: el núcleo accumbens y el cerebro medio.

En síntesis, lo que he relatado hasta aquí son, en realidad, las consecuencias de la infelicidad en el cerebro, y no dudo de que usted coincidirá conmigo en que, efectivamente, son alarmantes, sobre todo porque las investigaciones dan cuenta de que este fenómeno alcanza a la mayoría de los seres humanos.

Recuerde: Las personas que logran experimentar estados de felicidad son una notable minoría.

Las consecuencias de la infelicidad en el cerebro son importantes:

  • Escasa o nula activación de los sistemas de recompensa
  • Déficit importante de dopamina
  • Dificultades en el desempeño de las funciones ejecutivas del cerebro
  • Anhedonia
  • Depresión

Ello ha dado lugar a una nueva corriente, que algunos ya denominan “la neurociencia de la felicidad y el bienestar”. La importancia del tema ha propiciado, además, diversos llamados a la reflexión.

Filosóficamente, todos deberíamos venir a este mundo con la misión de ser felices, pero parece que muchas personas han aceptado resignadamente otro tipo de mandato.

Es hora de realizar un cambio. Las neurociencias modernas traen consi- go un conjunto de herramientas de avanzada para que tomemos conciencia de la importancia de vivir con alegría y trabajar en pos de nuestra propia neuroplasticidad dirigida… hacia la felicidad.

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